Este mal se cura, si se detecta a tiempo. Conocé mi historia.
- Karen Alvarado

- 4 oct 2020
- 2 min de lectura
En este mes de Octubre, dedicado a la prevención del cáncer de mamas, he decidido contar un poco de lo que yo viví, con la esperanza de contribuir a la campaña de prevención, porque este mal se cura, si se detecta a tiempo. Después de 3 años de estar completamente limpia, por la gracia de Dios, me siento motivada a compartir mi historia, gracias al ejemplo de una gran guerrera, Marlen Lucía Landero Vargas, quien con sus escritos y consejos, me ayudó mucho durante este proceso. No escribo tan bonito como ella, una escritora profesional, pero espero que con mis testimonios ayude a conscientizar sobre lo importancia de la prevencion. Dia 1: todo comenzó así... A mis 35 años, casada con una hija de casi 3, a la cual amamanté durante 6 meses y sin ningún historial de este tipo de enfermedad en mi familia, me sentía feliz y saludable. El primer domingo de noviembre del año 2016, mientras me secaba el pelo, sin querer pasé mi mano sobre mi seno derecho y sentí una pelota que no había sentido antes, era como si hubiese erupcionado de un día a otro (después supe que tenía mucho tiempo alojada en mi seno). Llamé a mi esposo para que tocara y saber si no eran ideas mías, pero era tan grande que él también lo sintió. No soy alarmista y no quise darle mucha importancia. Le dije «no debe de ser nada, seguro es porque ando en mis días», pero él me insistió para que hiciera la cita con mi ginecóloga, la cual hice gracias a su insistencia. La ginecóloga me mandó a hacerme unos exámenes y el ultrasonido. La cita para realizármelos me la dieron hasta casi finales de noviembre, pero, como según yo no era nada, esperé pacientemente hasta que llegó el 25 de noviembre. El día que me hice el ultrasonido, recuerdo que fui con mi esposo y con mi hija, le dije que para que la niña no se aburriera la llevara a desayunar, así que entré sola a la cita. Haciéndome el ultrasonido, el doctor me dijo «este nódulo requiere operación, necesitamos también hacer la mamografia». Después de eso, salió de la sala y al regresar me informó que ya había hablado con mi ginecóloga y que ella estaba de acuerdo con que me realizara la mamografía al siguiente día. Fue así que me dio cita para el siguiente día y me dijo que también me referiría a un mastólogo. Al llegar al lugar donde estaba mi esposo con mi hija, le explico todo lo que había pasado y lo que el doctor me había informado. El me preguntaba «¿estás segura que entendistes bien?, es que no debí dejarte ir sola». Mi esposo estaba más nervioso que yo. En ese momento, aún sin entender la gravedad de la situación, puedo asegurar que inició la batalla más grande que hemos vivido. No me canso de agradecer la insistencia de mi esposo, Simone Amato, para que acudiera al médico. Gracias a él, llegué en el momento preciso. Mi consejo con este primer testimonio es que no dejen pasar ningún signo de alerta. Tóquense, revisen sus mamas y al primer cambio que vean, corran al médico.



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