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¡Prefiero trabajar con hombres!

Actualizado: 22 sept 2020

¿Te suena familiar esa frase? A mí si y es que lo he escuchado en muchas ocasiones y honestamente, me costó mucho entender el porqué las mujeres hablaban de esa manera. Expresiones como «las mujeres son hipócritas, traicioneras, envidiosas», eran muy frecuentes. Estoy segura que en más de un

a ocasión muchas de esas palabras las hemos dicho. Aquí no estamos para juzgar si has actuado bien o mal, pero si estamos para reflexionar y cuestionar esas expresiones ¿de dónde vienen? ¿por qué las decimos?.


Desde pequeñas a las mujeres nos enseñan a competir. A competir por ser la más bonita, por tener el mejor cuerpo, por ser la más popular, por tener el novio más guapo. En los cuentos de Disney siempre hay mujeres compitiendo por el príncipe o como el caso de Blanca Nieves -una mujer buena y dulce, que cuida a siete enanos- se enfrente a otra mujer, una mala y bruja. En todos estos cuentos, las mujeres nos enfrentamos. Son estas historias las que contamos a nuestras hijas.


Sucede que estos mensajes que recibimos desde niñas, por diferentes vías, van calando en nuestra vida y la competencia eterna, que se traslada después a la vida adulta (la más exitosa, la que tiene el mejor trabajo, la que tiene el esposo más fiel, la que tiene hjxs extraordinarixs, la que es feliz), nos genera complejos y traumas que vamos manifestando en los diferentes ámbitos en los que nos desenvolvemos.


Al igual que muchas mujeres, yo también me compré esa creencia y esto se volvió más vivo, al iniciar mi vida laboral. Entré pensando que todas las mujeres éramos colegas, aliadas, compañeras y con el tiempo, me fui dando tropezones y veía como entre nosotras nos hacíamos mucho daño. ¡Que cansado trabajar así! En ese momento, salió a relucir mi abanico de complejos y creencias como no soy suficientemente buena, no voy a poder con este trabajo, todas las personas me atacan, aquí no hay verdaderas colegas, etc. La lucha ya no era solo entre mujeres, era también conmigo misma. Hoy agradezco cada una de esas batallas, agradezco a cada una de esas mujeres que la vida me puso en el camino, porque me hicieron ver lo que yo debía de trabajar y lo que queria ser como persona.


Las relaciones laborales, con mujeres y hombres, se pueden tornar complejas, pero siempre deben de estar basadas en el respeto. Sin embargo, siendo nosotras mujeres, conocedoras de las desigualdades e injusticias que hemos enfrentado, podríamos sentir admiración y orgullo por trabajar con otras mujeres, en vez de rechazo. Podríamos extenderles nuestra mano y darles apoyo. Me dirás que hay mujeres con las que no se puede trabajar y si, efectivamente hay mujeres que todavía viven con el lema de «la peor enemiga de una mujer es otra mujer», pero si tu perspectiva cambia y entendés de dónde viene esa actitud o comportamiento, sentirás compasión por ella y no desprecio. Seamos esa compañera de trabajo que todas quisiéramos tener.


¡Comencemos a contar otras historias!



 
 
 

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